¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA GESTIÓN EMOCIONAL?

Hoy en dia está muy de moda la expresión “gestión emocional”. Sin embago parece que confundimos la palabra gestión con la de control. Lo que realmente queremos es controlar nuestras emociones. Queremos ser de una manera determinada, como “debemos ser”. Nos hemos creado en nuestro inconsciente una imagen idealizada de nsotros mismos y luchamos constantmente para acercarnos a ese ideal irreal y tirano que nos dice cómo comportarnos.
Algunos pronto se dan cuenta de que dicho ideal es inalcanzable y ante la decepción deciden soltar toda esperanza y resignarse a ser “una mierdecilla” toda su vida. Probablemente repriman, inhiban y/o contengan sus emociones asertivas como el enfado y se permitan las emociones tiernas como la tristeza.
Otros con más fuerza, aunque sin demasiada sabiduría, decidirán luchar hasta la extenuación por acercarse a ese semidios de cuento de hadas y se entregarán a un incansable juego de apariencias en el que imitarán de manera cuasiperfecta las santas cualidades del tirano. En este caso, al contrario que en el anterior, las emociones que serán aceptadas serán las asertivas, mientras que las que no encajan tan bien con la imagen idealizada de una misma serán las tiernas como ,a tristeza.
Los habrá también que se rebelen contra las extrictas exigencias de tan inmaculada presencia y hagan todo lo contrario a sus mandatos. Tal vez la única emoción que se permitan sea la frialdad distante de quien está por encima de todo.
Pero muy pocos serán los que se atrevan a destruir esa imagen idealizada y lanzarse a la aventura de ser ellos mismos, sin referentes, de ser auténticas, sin ninguna creación interna que les diga cómo han de comportarse y por tanto siendo libres de hacerlo de manera distinta en cada ocasión, dependiendo de las circunstancias. Esta opción suele darnos miedo, porque pensamos que si nadie nos dice lo que tenemos que hacer, harenos algo malo. No confiamos en nuestra intrínseca naturaleza bondadosa. Le tememos al mal.
Por eso estamos constantememte controlándonos.
Con la boca cerraca, los hombros subidos, el diafragma tirante, el vientre hacia dentro, los gluteos compactos, la mandíbula retraída, la respiración corta…
¿Qué ocurre cuando nos emocionamos?
Que perdemos el control.
Un ataque de ansiedad, un enamoramiento, un enfado, un llanto desconsolado, una rabieta… no son más que intentos del cuerpo por romper todas las barreras que hemos construido para que “no se nos note” que somos una farsa, que en el fondo nos sentimos pequeños y perdidos, aún siguiendo las normas y haciendo lo supuestamente correcto.
Las emociones vienen a desmontar la construcción ilusoria que hemos levantado bajo el látigo de nuestra imagen idealizada a la que llamamos “yo”. Nuestro yo se tambalea ante la emoción, y eso nos hace sentir miedo porque tememos que si se nos “desmonta el chiringuito” vamos a dejar de existir tal y como nos conocemos.
Así que en lugar de permitir que la emoción entre y haga su trabajo de manera naural, luchamos contra ella, a veces consciente, a veces inconscientemente y tratamos de controlarla, inhibirla, contenerla o dramatizarla para evitar sentirla.
¿Qué ocurriría si la sintiésemos?
No moriríamos
Nos daríamos cuenta de que es revitalizante, energizante y sanadora.
Seríamos testigos de la claridad y ligereza que se despliegan tras su paso.
Cambiaríamos por dentro y tal vez por fuera.

Pero para poder sentir la emoción hacen falta dos cosas:
– Una mente abierta que no la enjuicie y que sepa acogerla.
– Un cuerpo abierto, libre de bloqueos que la permita fluir sin nudos en el estómago, en la garganta…

Las emociones nos conectan con nuestra vulnerabilidad. Y cuando caemos por fin en la cuenta de nuestra extremada y bella vulnerabilidad humana, si la tocamos de veras, si nos reconocemos en ella, de manera natural brota de la misma fuente un amor infinito e incondicional hacia ese “yo”. Es en ese anor en el que podemos descansary nutrirnos, para seguir viviendo, emocionándonos, cayendo y levantándonos. Es en ese amor en el que encontramos descanso y apoyo.

Sin la emoción, nada se transforma, nada se tambalea, todo sigue igual de rígido que esa imagen cristalizada que adoramos en secreto y para la que nunca somos suficiente.

Cuanto más capaces somos de sentir y de expresar con intensidad adecuada lo que sentimos, más auténticos seremos, más naturales y orgánicos, más sencillos y libres.

¿Quieres emocionarte?

Begoña Ryuko

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