Que es Biomindness

BioMindness es un camino que nos lleva a estar cada vez más centrados y sintonizados con nuestra verdadera esencia,  dignidad animal instintiva,  sabiduría intuitiva y  amor propio para que, alineados, nos conecten con sentimientos cada vez más profundos de amor, compasión, coraje, espontaneidad, libertad y creatividad, y que así cada individuo a su propia manera y con su original y único toque, viva en la mejor versión posible de sí mismo.

El cuerpo, las emociones, la mente y la esencia, están interconectados  y pasar por alto el desarrollo de la conciencia de cualquiera de estas facetas del Ser Humano, puede llevarnos a un desequilibrio. Un meditador que se ha desligado de su mundo emocional;  una artista que no sabe gestionarse en el mundo material; una deportista de élite narcisista; un empresario de éxito con una vida familiar desastrosa, un premio nobel de la ciencia que se suicida, un sacerdote pederasta,  son sólo algunos ejemplos de éstos desequilibrios.

“La energía impregna y da forma a toda la existencia. Es una unidad indivisible que se manifiesta como poderoso movimiento en cada aspecto de nuestra vida. Conoce la Verdad, y vive en el ahora. La fuerza de la consciencia es nuestra conexión con nuestra alma, y se expresa a través de la mente, que conoce, posee voluntad y actúa”. J. Pierrakos.
“Cada uno de nosotros tiene un  centro, un núcleo divino de energía y sabiduría. Aquí la energía es totalmente pura, luminosa y original. La energía vital irradia de este núcleo como lo hace desde el corazón de una estrella, moviéndose por nuestro cuerpo, vitalizando cada molécula”. Jaime Guillén.
Las funciones físicas, mentales y emocionales requieren de esta fuerza para su acción.
Esta energía no es buena ni mala, como no lo son la de un  volcán o la de una montaña.

Todos llegamos con cierta información genética, con un legado familiar, con una estructura corporal que define una tendencia de carácter. Además de este “programa”, desde nuestra gestación, nuestro joven sistema nervioso, aún no preparado para sostener grandes descargas emocionales, crea cortocircuitos para protegernos del dolor al que nos vemos expuestos y al que consideramos una amenaza mortal. Y nuestra mente, aún no desarrollada intelectualmente para encontrar sentido a lo que ocurre, encuentra una explicación simplista e infantil de las experiencias, o decide dejar a un lado el problema, para poder solucionarlo cuando disponga de más herramientas. De este modo, la energía emocional negativa provocada por estas experiencias dolorosas no digeridas,  se queda “congelada” en nuestro cuerpo-mente, impidiendo el flujo libre de energía y dando lugar a estancamientos y compartimentos. Estos estancamientos provocan que los mensajes que manda nuestro centro energético a las células, a través de los péptidos, no lleguen a su destino y comienzan las distorsiones y deformaciones que determinan decisiones, actitudes y creencias negativas acerca de nosotros mismos y de los demás.

Tensiones crónicas a nivel corporal
Ansiedad, ira, temor, culpa, vergüenza, incomodidad, resentimiento y desconfianza a nivel emocional
Creencias limitantes del tipo “No me lo merezco” “Yo puedo con todo” “No valgo, no puedo” “No soy digno” “Para que me quieran tengo que ganar, ser bueno, pasar desapercibido, obedecer…” a nivel mental
Una sensación de “sin sentido” y de separación con el Todo a nivel espiritual.
Para no mostrar al mundo nuestra vulnerabilidad y protegernos de la incomodidad de nuestros propios sentimientos negativos, creamos una máscara, un personaje, una imagen idealizada de lo que pensamos que deberíamos ser o que deseamos ser, diseñada para agradar, defendernos o controlar a los otros. Un carácter.
Aunque esta estrategia de defensa y esta máscara son necesarias durante los primeros años de nuestra existencia, con el tiempo nos identificamos tanto con ella, que nos olvidamos de nuestro centro, de nuestra verdadera esencia. De ese núcleo energético que sigue irradiando constantemente, placer, unidad, fuerza, sabiduría y confianza en la Vida.
El proceso de crecimiento consiste en ir rompiendo todos esos “cubitos de hielo” o “cuerpos de dolor” formados por emociones no gestionadas y creencias erróneas que obstaculizan  las vías de conexión entre nuestro centro y nuestras células.

Utilizando una integración de técnicas bioenergéticas, corporales, emocionales mentales  y meditativas,  activamos  primero nuestra conciencia corporal para que teniendo como base la memoria celular,  podamos empezar a ser testigos del despliegue de niveles de conciencia más profundos que nos ayudarán a entrar directamente en contacto con el  “cuerpo de dolor”, para que, una vez que haya aflorado a la luz de la conciencia, pueda ser plenamente reconocido y profundamente sentido, y que de esta manera quede liberado y transformado..
A mayor energía liberada, mayor salud física, mental y emocional del individuo, con mayor capacidad de desenvolverse con sencillez  en el mundo, al mismo tiempo que, de manera natural, nos vamos desidentificando cada vez más de nuestra personalidad, para anclarnos en el fluir del momento presente como única identidad material real y en el pulso de un mismo corazón como guía de nuestras acciones

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