¿QUÉ ES UN RETIRO DE MEDITACIÓN?

La palabra retiro lo dice todo.
Retirarse de la batalla, dar un paso atrás para retomar el aliento, para ver con mayor claridad y perspectiva, para recuperar fuerzas, reorganizarse y poder tomar decisiones con mayor sabiduría.
Cuando alguien decide venir a un retiro, sin duda ha escuchado, entre el bullicio de voces y el ajetreo de la vida, un sutil hilo de voz que desde algún remoto pero reconocido lugar, susurra… Retirada…
Hay que reconsiderar la estrategia, hay que cuestionarlo todo.
Pero, ¿cómo?
Si desarrollamos la suficiente atención y concentración, seremos cada vez más capaces de escuchar lo que esa voz nos quiere contar. Pero no podremos oírla con los oídos, ni interpretarla con la mente analítica. Habrá de ser escuchada con todo el cuerpo e interpretada por la intuición.

Muchos creen que meditar es retirarse. Nada más lejos de la experiencia. En verdad es un encuentro con partes olvidadas de nosotros mismos. A veces esos nuevos y viejos parajes nos resultarán agradables, otras no lo serán tanto. Meditar no es alcanzar un estado determinado, un ideal sobre la felicidad y el bienestar. Meditar es un viaje sin meta hacia el vacío, que en el camino nos enseña a relacionarnos de manera amable y sabia con todo lo que acontece, para poder vivir en paz aceptando la realidad tal y como es, no como a nosotros nos gustaría que fuera.
Especialmente nuestra realidad interna de sentimientos, pensamientos y sensaciones.

Estar con uno mismo y comprometerse a la honestidad. Aceptar nuestra bondad y nuestra maldad, nuestra alegría y nuestra tristeza, ver todo lo que somos con mirada sabia. No se trata de luchar contra el mal, se trata de trabajar incansablemente a favor del bien, sabiendo que vamos a caer tantas veces como necesitemos para aprender a andar en la vida como lo que somos. Asumiendo la responsabilidad de nuestras acciones y abrazando nuestra vulnerabilidad. Sin presión pero con determinación.

Nos retiramos para encontrarnos, para tal vez descubrir que la mejor estrategia es la rendición porque no hay nada que conquistar, nada que proteger. Y al dejar de luchar descubrimos que la batalla era un sueño y que la paz es posible, sólo si aceptamos que el sueño es una guerra.

Begoña Ryuko

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